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¿Debemos temer a la muerte?
“La muerte es falsa apariencia de que el yo desaparece quedando el mundo. La verdad es que el mundo se desvanece y lo permanente es la sustancia del yo”
Arthur Schopenhauer
Filósofo alemán
Filósofo alemán
Al margen de creencias religiosas la existencia de vida después de la muerte es algo que todos en algún momento de nuestra existencia nos habremos formulado o nos formularemos con mayor o menor preocupación. El miedo a morir radica en el miedo a lo desconocido, el miedo a enfrentarnos a una situación en la que por muy acompañado que estemos deberemos experimentar en la más absoluta soledad. El miedo es además una protección de nuestro instinto natural a la supervivencia, a luchar hasta el último instante de nuestra vida.
"Dentro de 20 años te sentirás más defraudado por las cosas que no llegaste a hacer que por las que realmente hiciste. Así es que arriésgate, navega lejos de los puertos seguros. Explora. Descubre...."
Mark Twain
En 1975 un reconocido psiquiatra Raymond Moody publicó el libro “La vida después de la vida” en el que recogía testimonios de 150 personas que aseguraban habían pasado por experiencias de casi muerte (ECM).
En los casos estudiados por Raymond diferenció 3 casos: personas declaradas clínicamente muertas y luego reanimadas, los que perdieron la conciencia a raíz de un accidente grave y los agonizantes que son capaces de narrar lo que experimentan. Para los dos últimos casos sus experiencias pudieran ser resultado de alteraciones psicológicas pero en el primer caso al estar clínicamente muertas ninguna de las experiencias narradas pudieran relacionarse con ninguna alteración psicológica ni el uso de ningún medicamento. La comunidad científica a día de hoy considera un misterio todas estas experiencias.
Muchas de estas personas aseguraban haber visto a familiares que habían muerto tiempo atrás. La mente una vez separada del cuerpo pudo atravesar dimensiones y viajar al pasado como si se hubiera conectado al agujero de gusano que le transportara a otro tiempo.
Desde el desarrollo de la reanimación cardiaca se han multiplicado los testimonios sobre ECM. Por ello en Holanda entre los años 1988-1992 se estudió a 344 pacientes que habían sufrido muerte clínica debido a problemas cardiacos. El 18% de estos pacientes declaró haber sufrido una ECM.
De esta investigación se descubrió que ningún paciente sufrió miedo en estos momentos y que incluso la mitad declaró haber experimentado emociones positivas. La mitad de estas personas estudiadas fue consciente de que estaba muerta. El 32% aseguró encontrarse con personas fallecidas, el 31% sintió atravesar un túnel, el 23% experimento una fuerte luz, el 29% dijo ver paisajes divinos y el 12 % simplemente aseguro que su experiencia había sido muy profunda.
El que dichas personas recuerden hechos vividos en momentos de muerte cerebral manifiestan que la conciencia no muere con la muerte cerebral y nos lleva a pensar que realmente pueda existir una vida después de la muerte.
"El que tu crees que ha muerto no ha hecho más que adelantarse en el camino"
Séneca
Si la mente es una realidad separada del cerebro aunque asociada a él quizá cuando consigamos a través de la muerte desvincular la mente del cerebro esta acceda a aquellas realidades multidimensionales que la ciencia adivina pero que no llegamos a ver debido a las limitaciones de nuestro cerebro.
En esta dirección http://www.nderf.org/Spanish/index.htm encontramos el mayor compendio de testimonios sobre ECM
Quizá lo que pase después de nuestro breve espacio por la existencia terrenal sea la única cosa que todos averigüemos únicamente cuando esto ocurra. Sí la ciencia confirmara que hay vida después de la vida, aunque de una forma diferente a la terrenal, nuestro instinto a la supervivencia natural pudiera desvanecerse y con total seguridad la mayoría de las cosas perderían mucho de su importancia. El mito de la muerte deberá permanecer siempre para dar mayor sentido a nuestras vidas.
"Para vivir un año es necesario morise muchas veces muchos"
Pitágoras
Cuando el cuerpo se para el ultimo sentido en desactivarse es el del oído. Unas palabras gratificantes en esos últimos instantes ayudarán a una transición más feliz.
"Quizá uno de los más temibles pensamientos, el más temible acaso antes de morir, sea éste: he vivido en vano"
Amando Nervo



